“El deporte que merecemos”: respetemos a la gente que, sea en el campo que sea, sitúa a nuestro país como referencia. Y respetemos a esa gente no sólo cuando suben al podio, cuando están en lo más alto. Respetemos también a esas personas cuando todo pasa, cuando los resultados ya no salen. Porque lo logrado siempre quedará en la historia. Porque lo que estas personas aportan a España es lo que hace que nuestra sociedad avance.

Vivimos en una sociedad en la que el éxito se recuerda un día y el fracaso te persigue toda la vida. Vivimos en un país donde un hito histórico, sea en el ámbito que sea, es vitoreado fuertemente en las primeras horas pero, en cuanto hay cualquier otra noticia, se olvida rápidamente. En cambio cualquier mala racha, cualquier mal momento, te persigue y parece hacer olvidar a la gente todo aquello que conseguiste.

Vivimos en una sociedad que celebra el éxito, pero que no termina de ser consciente del precio de ese éxito. La gente no es consciente de lo que cuesta destacar, de lo que cuesta triunfar a nivel nacional e internacional, sea en el campo que sea, en una época en la que la competencia es extremadamente feroz.

Esa falta de consciencia de lo que cuesta tener éxito provoca, especialmente en el deporte, que la gente olvide rápido a esas personas exitosas y los éxitos que lograron, actuando como si esperasen que el deportista mantuviese un estado de excelencia deportiva durante cada día de su vida.

 

El último ejemplo se ha vivido con Iker Casillas tras la eliminación de España en la Eurocopa de fútbol. ¿Recuerdan lo que gritamos todos cuando Casillas paró a Italia el penalti en la Euro 2008? ¿Recuerdan la final del mundial, contra Holanda, y las paradas prodigiosas que les hizo a los holandeses, especialmente el pie milagroso que le sacó a Robben y nos permitió ganar el Mundial?

 

Pues bien, si todos gritamos con cada una de esas acciones, ¿por qué muchos de los que celebrabais esas paradas ahora os dedicáis a criticar día a día a ese jugador? ¿Por qué permitís que el mejor portero de la historia de nuestro país vaya a tener que abandonar nuestra selección por la puerta de atrás? ¿Ya nadie se acuerda de todo lo que nos ha dado?

 

Muchos de los que critican argumentan que esas paradas eran su trabajo, y razón no les falta. Pero, ¿creen que cualquier portero habría hecho esas paradas? Esa es la diferencia. La sencilla diferencia entre hacer tu trabajo y ser excelente en tu función. La gente que simplemente trabaja pasa desapercibida en lo que hace, ya que cualquiera en su lugar haría lo mismo. Pero aquellos que son excelentes, los que hacen historia dentro del ámbito en el que trabajan, merecen el reconocimiento de la historia por haber sido excelentes. Porque la excelencia hace cambiar la historia, la excelencia hace mejorar el entorno.

 

Por favor, respetemos a la gente que, sea en el campo que sea, sitúa a nuestro país como referencia. Y respetemos a esa gente no sólo cuando suben al podio, cuando están en lo más alto. Respetemos también a esas personas cuando todo pasa, cuando los resultados ya no salen. Porque lo logrado siempre quedará en la historia. Porque lo que estas personas aportan a España es lo que hace que nuestra sociedad avance.

 

Demostremos que merecemos el éxito. Demostremos que tenemos el deporte que merecemos.

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