En la campaña de Navidad del año 2014, una conocida marca de muebles lanzaba una campaña publicitaria -denominada “la otra carta”- donde, tras seleccionar a diez familias, pedía a los niños que escribieran su carta a los Reyes Magos. Después de escribirla, se pide a los niños que escriban otra carta, en este caso a sus padres, diciéndoles qué les pedirían por Navidad. “Quiero que estés más tiempo conmigo”, “Me gustaría que nos hicieseis un poco más de caso” o “que me hicieseis cosquillas” eran algunas de las peticiones que hacían los niños en esa carta a sus padres. Para finalizar el anuncio, se le preguntaba a los niños qué carta elegirían enviar si sólo pudiesen enviar una, a lo que todos respondían que enviarían la de los padres.

 

¿Por qué cuento esto? Es alucinante ver la cantidad de dinero que gastan los padres en juguetes, electrónica, academias, actividades y un largo etcétera para mantener ocupados a sus hijos. En mi trayectoria dando conferencias en centros educativos, he encontrado infinidad de niños que diariamente empiezan su jornada escolar a primera hora de la mañana y, entre jornada escolar y actividades varias, no llegan a casa hasta la noche, y se van a la cama sin apenas haber visto a sus padres.

 

En el deporte, infinidad de padres van cada fin de semana a cada centro deportivo a ver a sus hijos en sus respectivas competiciones. Desde bien pequeños, esos niños van entre dos y tres días a la semana a entrenar, para el fin de semana competir y poder dar el máximo de sí mismos.

Pero, ¿habéis probado alguna vez a preguntarle a vuestro hijo si prefiere competir o si por el contrario lo que quiere es estar un fin de semana jugando con sus padres? ¿Cuántas horas dedicamos a la semana a la atención de los más pequeños?

 

¿Habéis probado alguna vez a hablar con vuestro hijo? ¿Habéis probado a preguntarle qué quiere, qué busca, qué ambiciones tiene? ¿Habéis probado a ser parte de esas ambiciones, a jugar con ellos, a motivarlos, o preferís ser meros espectadores de la formación de vuestro hijo?

 

¿Sabéis que el deporte puede ser una herramienta tremendamente útil para ver aspectos de la vida y del desarrollo físico y emocional de vuestro hijo? ¿Habéis probado a poneros el chándal y dedicar unas horas de vuestra apretada agenda a aprovechar esta herramienta?

 

Vivimos en una época en la que parece que hayamos supeditado la vida al trabajo, a la lucha constante por optimizar hasta el último segundo con actividades, a la formación académica. ¿Dónde ha quedado el desarrollo personal? ¿Dónde ha quedado el ocio? ¿Dónde quedaron esos momentos de disfrutar en familia jugando?

 

El deporte no son sólo resultados, no es sólo competición. El deporte es un medio de cohesión social, es una forma de disfrutar de manera saludable del tiempo libre haciendo ejercicio físico, es una manera tremendamente eficaz de transmisión de valores.

 

Los niños demandan jugar, reír, correr, divertirse. Pero, sobre todo, los niños demandan a sus padres en ese proceso. ¡Haz deporte con ellos! ¡Pruébalo!

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