En las numerosas conferencias que he dado en centros educativos y universidades a lo largo de los últimos tiempos, una de las características predominantes en el alumnado que más me ha sorprendido es la escasísima capacidad para tomar decisiones. El proceso para tomar una decisión, en mi opinión, consta de las siguientes fases: análisis de la situación actual, análisis de la decisión que se va a adoptar, estudio de las diferentes alternativas -aspectos positivos, riesgos, personas que habría que implicar en caso de adoptar esa decisión, tiempo que requeriría adoptarla o de implantación,  coste económico en caso de que lo hubiese…-, síntesis de toda la información analizada y elección de la alternativa que se considere más apropiada.

En deporte este proceso de toma de decisiones es, en muchos casos, la diferencia entre el éxito o el fracaso: fichar o no fichar por un club, cuándo es el momento exacto de dar un cambio a mi carrera deportiva, cuándo es el momento de cambiar de ciudad, de entrenador, debo o no irme a un centro de alto rendimiento, priorizo el deporte sobre otros aspectos de la vida y en qué medida lo hago…

 Todas estas decisiones, y muchísimas más que se plantean durante la trayectoria deportiva, son fundamentales para el devenir del deportista. Ahora bien, ¿cómo conseguir que la posibilidad de acertar en todas estas decisiones sea lo más alta posible?

 En mi opinión, la respuesta es sencilla: trabajándolo desde la base, desde el sistema educativo. Un sistema educativo en el que los niños acuden a clase, escuchan al profesor, llegan a casa, hacen dos horas de ejercicios ( la mayor parte de ellos de manera mecánica), y estudian un examen palabra por palabra para «soltarlo» el día que el profesor decida examinarlos es, para mí, un sistema educativo obsoleto e inútil.

 Enseñemos a los niños haciéndoles analizar, haciéndoles entender, haciéndoles pensar, haciéndoles innovar en su propia formación. Trabajemos la capacidad de análisis, la empatía, la inteligencia emocional, la capacidad de síntesis, la comunicación oral y escrita. Trabajemos eso en las aulas y, por el camino, enseñemos los contenidos que exige la ley. Dejemos de priorizar contenidos sobre valores y aspectos tan importantes como los citados anteriormente, y conseguiremos niños preparados para ser adultos, para decidir, para analizar, para pensar y discernir.

 Todas estas capacidades, como decía anteriormente, ayudarán a que ese niño, se dedique a lo que se dedique, pueda tener la capacidad de enfrentarse a momentos clave en su vida y tener la facilidad de tomar la decisión acertada en el momento adecuado, lo que sin duda lo posicionará en una situación de ventaja para conseguir sus objetivos.

 ¿Cuántos deportistas conocemos que han echado a perder su carrera por asumir el reto de irse a un equipo grande, de saltar al profesionalismo, de convertirse en líder de su equipo… demasiado pronto o en un momento inadecuado?

 Enseñemos a que, en la sociedad actual, tener estas capacidades que he mencionado anteriormente es fundamental. Ayudémoslos a construirse su futuro.

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